DICEN SENTIRSE ENCERRADOS COMO EN UNA CAJA

A los cajeros de los bancos les cuesta acostumbrarse a las nuevas medidas de seguridad

jueves, 10 de febrero de 2011

La instalación de mamparas en la línea de cajas les quitó la visual a los cajeros, quienes dependen ahora del guardia de seguridad para avisarle a los clientes cuándo pueden pasar. Mientras los cajeros se sienten aislados, los oficiales de cuentas se sienten invadidos por la fila de gente que los rodea.

Me quitaron totalmente la visual, me siento encerrado en una jaula, como si estuviera en un zoológico, dice resignado el cajero de un banco privado de capital extranjero.

Es que las nuevas medidas de seguridad bancaria obligaron a los bancos a instalar mamparas en toda la línea de cajas, que impide que los cajeros vean quién está en la fila.

Entonces, el agente de seguridad dejó de ser un soldadito de plomo parado como una estatua en la puerta para desempeñarse como actor protagónico en esta obra, diciendo quién puede pasar y quién deberá esperar su turno.

Menos mal que está el guardia de seguridad, porque yo ahora estoy metido en un cubículo en el que no puedo ver si hay alguien esperando o si el salón está totalmente vacío. Me siento como si fuese ciego y me tengo que guiar por lo que escucho.

De acuerdo al nivel sonoro que haya, puedo llegar a estimar cuánta gente hay esperando para llegar a la caja, comenta otro cajero de otro banco privado de capitales extranjeros.

Ahora, cuando el guardia por algún motivo se ausenta de su lugar estratégico, el cajero se tiene que poner a gritar para que pase el que siga. Pero como a veces no hay nadie, me siento como un loco gritando en medio de la selva, admite.

De todos modos, menos mal que está el agente de seguridad, que me ayuda y me avisa. Pero, al mismo tiempo, preferiría que esté atento a su misión, la de seguridad, para prevenir que venga un ladrón a robarnos, agrega la fuente, quien ya reclamó a sus supervisores por un espejo retrovisor, para poder ver lo que acontece del otro lado.

 Los cajeros se quejan mucho de las nuevas medidas, pero ellos también tienen sus ventajas, que se las callan, confiesa el guardia de seguridad de un banco nacional.

Y enseguida pasa a enumerar:  Ahora los clientes no los pueden presionar más con todo tipo de ademanes para que atiendan más rápido por el simple hecho que no los pueden ver. Con lo cual, ellos se pueden tomar su tiempo y nadie les dice nada. En cambio, nosotros estamos más expuestos que nunca. Cualquier demora que se produce, somos el chivo expiatorio y todos nos reclaman a nosotros, explicó.

Pero los agentes de seguridad no son los únicos perdedores en este nuevo escenario marcodelpontizado. Los oficiales de cuentas ya no tienen la intimidad que tenían antes, cuando se les pedía permiso antes de hacerles una pregunta.

 Vaya paradoja: mientras los cajeros se sienten aislados, los oficiales de las sucursales pequeñas se sienten invadidos, ya que cuando la fila se extiende, la gente hace la cola por alrededor de sus escritorios.

Es que, con tantas mamparas por todos lados, ir hasta la caja es como meterse en un laberinto. Y la sucursal quedó muchísimo más chica, entonces los clientes nos rodean, comenta un oficial de cuentas encargado de atender a los clientes del segmento VIP.

Con tantas mamparas por todos lados nos vemos obligados a reforzar la iluminación en el salón, que está quedando más oscuro que el sector donde están las cajas fuertes. Menos mal que estamos en verano y hay un sol radiante, pero cuando llegue el invierno y los días más nublados, ni me quiero imaginar lo que va a ser esto, reconoce el gerente de una sucursal, que cambia su anonimato por sus sinceras palabras.

 

Fuente: El Cronista